sábado 14 de febrero de 2009

Japón viaja al papel...

Revista Beglam, edición de febrero de 2009
Texto: Tamara Till
Fotos: Cachi Bratoz - Tamara Till










sábado 21 de junio de 2008

VOLVÍ

... Y esto es lo que se viene...


Quiero contarles con muchísima alegría que el 28 de junio reestrenamos

“SOPA DE PIRATAS… UNA AVENTURA BIEN COCHINA PARA GUSTOS REFINADOS”

la obra de teatro para chicos que desde Japón y a través del océano, escribí junto con Mariana Díaz, la directora del espectáculo. La alegría es doble, porque esta vez sí voy a estar para verla, y varias veces, ya que volví para quedarme!!!

Para los que sabían y para los que no, les cuento que la obra fue recorriendo su caminito… Arrancó en septiembre del año pasado en la Sala Alberdi del Centro Cultural San Martín. Nos sorprendió con la cantidad de gente que convocó a pesar de estar fuera de temporada. Nos emocionó con la repercusión, el premio y las hermosas palabras que recibimos. Nos enriqueció con las críticas y comentarios que nos hicieron. Pero… sobre todo… ¡Nos entusiasmó!... Así que nos animamos y… ¡pegamos un salto!

Todos sabemos lo que significa para Buenos Aires “la Calle Corrientes”… y aunque no podamos creerlo… a partir del 28 de junio…¡allí estaremos!

Alcanzamos este sueño gracias a mucho, muchísimo trabajo, esfuerzo, empeño, pero sobre todo, muchísimas ganas y muchísima pasión por lo que hacemos, por el teatro, por los chicos y, claro, por “Sopa de Piratas…”

Ahora nos enfrentamos a este nuevo desafío… un desafío bien grande…

¡¡¡CUATROCIENTAS DIECISEIS BUTACAS!!!

Y para eso… ¡Los necesitamos!
Necesitamos, para subsistir esta temporada, tener –sobre todo los primeros cuatro fines de semana- la sala lo más llena posible… No es tarea sencilla como se podrán imaginar, son muchísimas localidades… por eso, acá viene el pedido solidario:

¡VENGAN Y AYÚDENNOS A DIFUNDIRLA!

Si todavía no la vieron… esta vez no pueden perdérsela… ¡está buenísima!
Si ya la vieron y les gustó… no pueden perdérsela en este nuevo espacio, se van a divertir todavía más que la vez pasada… ¡está buenísima!
Si ya la vieron y mucho no les gustó… no pueden perdérsela con las modificaciones y cambios que le hicimos, van a ver que esta vez sí les va a gustar… ¡está buenísima!
Si ya la vieron y nos les gustó para nada… no pueden perdérsela para criticarla por lo bajo. O por lo alto. O por lo medio… ¡está buenísima!
Sea como sea…

¡VENGAN Y RECOMIÉNDENLA QUE ESTÁ BUENÍSIMA!

Cuéntenle a sus amigos con hijos, con nietos, con sobrinos, con hijos de amigos, de parientes cercanos, de parientes lejanos, con vecinitos… Díganles que se van a divertir muchísimo y que además las localidades son super accesibles y hay
muy buenas ubicaciones desde $20.-

ESTRENAMOS EL SÁBADO 28 DE JUNIO A LAS 17 HS.

EN EL TEATRO BROADWAY TSU, CORRIENTES 1155.


FUNCIONES: SÁBADOS Y DOMINGOS 17 HS.
A PARTIR DEL 22 DE JULIO, FUNCIONES DE MARTES A DOMINGOS 17 HS.

Los espero a todos y les agradezco toda la difusión que puedan hacer. ¡¡¡MILES DE GRACIAS!!!

¡NOS VEMOS EN EL BROADWAY!

martes 29 de abril de 2008

ME ASIMILÉ!!!! 1

...Y tenía que terminar así...

-1: Te dan a elegir entre maiko, gueisha y otra que no me acuerdo.

-2: Te dan a elegir, en un figurín, el kimono

-3: Te dan a elegir, en otro figurín, las poses que querés (2 sola, 2 con marido samurai y 2 samurai solo).

-4: Te dan una batita de hospicio y unas medias con ranura para dedo gordo.

-5: Te ponen una redecilla en la cabeza y después el pañuelo violeta y después una tira de tela blanca rodeándolo, todo muuuy tirante.

-6: Te mandan a lavar la cara con un jabón especial.

-7: Te embadurnan con una pintura blanca helada
-8: Te pintan por delante y por detrás

-9: Te dan un toque rosa

-10: Te ponen todo eso

-11: Con todos estos pinceles

-12: Te pintan los ojos con un pincelito, incluso las pestañas (que nunca tuve tan largas en mi vida), con el mismo pincelito.
-13: Te hacen un lifting sin escalpelo, a puro chonflex.

-14: Te dan un fucsia en los ojos.

-15: Labios también fucsia
-16: Te empiezan a atar como un matambre

-17: Te siguen atando como un matambre (contamos 14 cinturones entre correítas, telas, cintos, lazos y demás)

-18: Te ponen el kimono

-19: Más cintos

-20: Los posta
-21: Te dan a elegir el tocado que querés en la peluca
-22: Te enchufan la peluca que pesa 4 kilos

-23: Te sacan la foto del gringo canchero

-24: Te mandan a esperar las copias a un jardincito divino, justo en la semana de los cherry blosom en flor

-25: Listo, ya sos turista.

viernes 28 de marzo de 2008

PERRA VIDA

Cuando sea japonesa, quiero se perra.
Navidad:

Casual look:

pollerita de jean y collar

beisball


minnie

Flashes no

Una historia de amor:
abeja

fiorucci


abeja seduce a fiorucci

fiorucci le corta el rostro por grasa

FIN


jogging

perego dog

susana y el corcho

que buda me conceda un modelito fiorucci

la morocha del abasto
De compras:

shopping

modelo kimono


modelo kimono 2


Big shop

dulce cadoga (casi perverso)

Guau!

miércoles 19 de marzo de 2008

PILETA 4, NAGOYA. COMPRENDIENDO

Atraso una ciudad con las piletas. Pero como estoy de vuelta en Tokio y repito Konami Sports, con la de Nagoya me pongo al día.
Divina la pileta de Nagoya. Con mis amigos, los viejitos nagoyanos y sus cinco minutos de ejercicio.
El primer día, mientras nadaba, escuché por los parlantes un anuncio en japonés que se repitió unas cuantas veces. Después la voz cambió por una música muy Disney, un tanto hawaiana. Al rato, cuando sacaba la cabeza para respirar entre brazadas, vi que la pileta había quedado vacía (vacía de gente, no de agua). Todos los viejitos que nadaban y caminaban antes por los andariveles, estaban ahora afuera de la pileta, algunos parados cerca de los bordes y otros sumergidos en el piletón de agua caliente. La guardavidas, desde su sillita alta, movía los brazos al ritmo de la música, a la manera aloha, indicando las escaleras de salida de la pileta. Por supuesto, salí. Ni bien puse mi segundo pie fuera del agua, la guardavidas tocó un pitido largo y otro guardavidas, que recién llegaba, se metió a la pileta vacía. Enseguida la música de los altoparlantes cambió otra vez a voz y todos los viejitos que no estaban en las termas rodearon la pileta. Un nuevo guardavidas (uno que antes andaba por ahí llevando un megáfono amarillo en la mano), se paró también cerca del borde y, siguiendo las instrucciones que seguramente indicaba la voz de los altoparlantes, comenzó a hacer unos ejercicios de estiramiento que todos los viejitos siguieron al pie de la letra. Yo, mientras tanto, me escondí detrás de una columna (lo confieso aún a riesgo de dejar en evidencia que soy una boluda). La clase duró cinco minutos, después de los cuales el guardavidas hizo una reverencia que todos los viejitos contestaron y tocó el silbato. Inmediatamente todos volvieron a la pileta, a seguir nadando o caminando como si nada hubiera pasado.
Con el correr de los días entendí el sistema: Todas las horas en punto, se realiza el cambio de bañero. Entonces vacían la pileta. El bañero que llega se mete y nada la pileta entera de una punta a otra de cada andarivel, al llegar al centro se detiene, se pone en cuclillas bajo el agua y girando sobre los talones, recorre con la mirada el fondo completo de la pileta. Se asegura así, supongo, de que no haya en el piso ninguna porquería o algún ahogado. Mientras tanto, si la hora es impar, afuera se realiza la clase de gimnasia y si la hora es par, no pasa nada, la gente se mete en el piletón de agua caliente o se queda sentada en los bancos, debajo de las estufas que cuelgan del techo. Después de esos cinco minutos, el bañero que estaba arriba de la silla abandona su puesto y agarra el megáfono amarillo, camina alrededor de la pileta y empieza a limpiar con un trapito las junturas de los azulejos de las paredes y del piso. El guardavidas recién llegado toma su lugar arriba de la silla. Y el que antes estuvo con el megáfono amarillo se retira, y todo el mundo vuelve meterse a la pileta.
Yo traté de evitar las horas en punto todo lo que pude, para poder nadar todo de corrido, pero cuando no podía evitarlas, los cinco minutos de ejercicio me los pasaba sentada debajo de las estufas. No volví a esconderme detrás de la columna. Además me hice amiga de un grupo de viejitos que nadaban siempre a la misma hora que yo y que, entre largo y largo, me encuestaban acerca de Argentina, de Buenos Aires y de lo que hacía durante las 38 horas de vuelo entre un país y otro. Adoré esa pileta, comprender su sistema y a sus viejitos nagoyanos.

lunes 17 de marzo de 2008

EXTRAÑO

Anoche soñé que me tenía que tomar el 44. Pero no me acordaba si iba a ser azul y rojo como antes, o verde y blanco como después de que lo comprara la 28. Eso extraño. El olor de las fiambrerías. Las de los almacenes o las que están al fondo de los chinos. Una mezcla de olor a salchichón y jabón en polvo. Extraño el olor de los Laverrap. El olor del subte. Cruzarme a alguien por la calle y verle cara conocida pero no acordarme de dónde. El olor a la madera que cae del sacapuntas, que había en el hall de entrada de uno de los colegios en los que trabajaba. Extraño el peligro cotidiano. Tener que mirar antes de cruzar la calle. Evitar algunas calles por la noche. Las baldosas flojas. Apurar el paso en una calle vacía. Extraño una calle vacía. Hace unos días me pareció escuchar que alguien gritaba ‘parenlá de una vez’, pero era un hombre pidiéndole a otro, en japonés, que posara para una foto. Extraño saber qué libro está leyendo el pasajero de al lado. También extraño el olor del cajón de la cocina de la casa de mi bobe. El cajón donde guardaba los cubos con letras para volver enseñarle a mi zeide las palabras que perdió cuando una parte de él se fue muy lejos. Y la bola de nieve de su aparador del living, recuerdo de Nueva York. La dabas vuelta y nevaba brillantina sobre la estatua de la libertad. Está en mi casa ahora, allá del otro lado. Y tengo guardadas en cajas y valijas muchas otras bolas de nieve, una de cada ciudad en la que estuve.
Otras ciudades. Con otras calles. Otras caras. Otros idiomas. Otros olores.

martes 19 de febrero de 2008

KAWAII 1

Regresé después de haber estado y después de haber no estado… estados…

Para arrancar sencillo, van unas fotos de fotos. Me da cosita tirarme sobre las manos de alguna para fotografiarla, pero juro que veo esas uñas en persona diariamente. Y las hay mucho más ornamentales... estas son de una modestia inusitada.






Los precios, descuento incluído irían de los 26 a los 63 dólares

Las usan las chicas “kawaii”, las chicas “cute”, las “linditas” sería en castellano. Son las que usan peinados con batidos imposibles, visten casi siempre en degradé de rosa y cubren de strasses todo lo que las rodea. Con esas uñas hacen las cosas más inverosímiles. Inverosímiles porque las hacen con esas uñas. Quiero decir, aprietan los botones del ascensor, meten los tickets del metro por la ranura, se rascan, buscan cosas adentro de sus carteras rosadas, se maquillan... Lo más impresionante fue ver a una vendedora accionar la máquina registradora, recibir mi billete, sacar de la registradora los billetes y MONEDAS del vuelto y dármelos junto con el ticket, pero eso no fue nada comparado con la habilidad con que esas manos envolvieron mi compra para regalo... touché con esas uñitas.


No puedo acordarme dónde, pero la semana pasada vi uno de esos negocios en donde venden objetos cubiertos de strasses para chicas kawaii, prometo buscarlo y sacar fotos. Como adelanto digo que lo más top era la bicicleta strassada, por no hablar del casco, que…¡colgo y moiro!

miércoles 2 de enero de 2008

PILETA 3, OSAKA. COCONOL

La pileta de Osaka le hizo honor al resto de las experiencias en esa ciudad…
Se llamaba Chuo- ku, o sea, edificio central. Digamos que se trataba de una especie de Coconor techado. Una pileta gigante con ocho andariveles de diferentes profundidades. Dos de ellos dedicados a las clases de natación para aplicados niños japoneses que saludaban a sus profesores con reverencias y decían “hai” al oír sus nombres cuando el instructor pasaba lista. Adentro de la pileta, todo era igual que en cualquier parte, chicos aprendiendo a nadar, pataleando, salpicándose. A la salida, en ordenada formación, volvían a aplicarse para pasar por los bebederos en donde el instructor les manguereaba agua sin cloro sobre los ojos y cada uno dejaba en perfecto orden sus salvavidas de telgopor y flota flotas.

Como en todas las demás piletas japonesas, un par de andariveles eran destinados al aqua walk y el resto para los cientos de nadadores que nos amontonábamos para ir volver de un lado a otro. Detrás de esta pileta central, los piletones de hidromasaje, con varias versiones de chorros relajantes. Y más atrás, el jacuzzi, tipo on-sen (baños termales) y la casilla de sauna. Estas dos últimas, características comunes a todas las piletas de la zona. Unos diez guardavidas controlando. Unas ocho cámaras filmando. Una campana que sonaba de vez en cuando y que nunca entendí qué corchos anunciaba. Unos vestuarios con duchas en las que no se permitía el uso de jabón o champú. Y el momento dramático infaltable. En este caso, las duchas de acceso.

Había carteles indicando (con dibujos fácilmente interpretables) la obligación de ducharse antes de entrar a la pileta. A tal fin, el pasillo por el que se entraba estaba cubierto por duchas. El primer día, vi pasar delante de mí a dos o tres señoras que fueron regadas instantáneamente al activarse el sensor que encendía dichas duchas. Sensor evidentemente estropeado, o bien calibrado para orientales, ya que cuando llegó mi momento de ingresar al natatorio, atravesé la zona sin ser siquiera salpicada, aunque una vez abandonado el pasillo todas las duchas se encendieron al unísono regando la nada. Retrocedí, entonces, para ducharme y en el instante en el que volví a quedar debajo de las duchas, éstas se apagaron. Al salir, por supuesto, volvieron a encenderse. Repetí mi número de la Pantera Rosa unas dos o tres veces obteniendo siempre el mismo resultado. Razón por la cual, a partir de ese momento, antes de ingresar al natatorio, me duché en las duchas del vestuario. Las mismas que usaba luego para enjuagarme el cloro sin jabón y sin champú, claro.

Lo más lindo de la pileta de Osaka era que la cuota mensual se pagaba en una máquina y que te daban un carnet tipo los del club del barrio de la infancia. Tenías que entregarlo antes de entrar, a uno de los guardavidas que estaba sentadito en una mesa y al salir le decías tu nombre para que te lo devolviera. Eso era lo que más me gustaba, salir con el pelo hediendo a cloro y decirle al guardavidas de turno: “Tamara - san des”. Me encanta hacerme la que hablo japonés.

(Mensaje para, por ejemplo, mi mamá: Para ver las fotos más grandes hay que clickear sobre las mismas).

Entrada al natatorio. Entre esas bicis estaba la mía, el día que me hicieron la multa por mal estacionamento. Después descubrí que la pileta tenía garage.


Máquina vendedora de cuotas mensuales

Cuotas mensuales. Fácil , ¿no?

Coconol en un excepcional día desierto.

Las duchas enmandingadas

El carnet.
Véase:
1-Encima del nombre, su equivalente escrito en kanji.
2- La fecha de vencimiento: 10/10/19, el 19 sería el 2007 contado en eras Heisei.
3- El precio de la cuota mensual de 4.900 yens (unos 50 dólares, bastante barato).
4- El plastificado de mentira al estilo tercer mundo.

martes 1 de enero de 2008

JAPOFIESTAS

Dos meses antes de navidad, la ciudad ya estaba decoradísima con luces, arreglos navideños y toda la serie de cotillones alusivos. Algunas personas y hasta animales vestían a tono con las festividades. El edificio de oficinas de enfrente de mi casa dejaba encendidas por la noche las luces de algunas de sus oficinas, de modo que se dibujara un arbolito navideño con las ventanas iluminadas (imagino al tipo sentado delante del plano del edificio, haciendo marquitas en las oficinas que debían quedar encendidas… “la 104, la 105, la 106, la 107, la 205 y la 206, la 3…, hay no, cagué, cómo hago para que me quede una en el medio”…) Las grandes tiendas como Tokyu Hands y Loft (lugares ideales para comprar cualquier tipo de cosa, pero cualquiera, cualquiera), disponían de un piso entero dedicado a los arbolitos naturales, de plástico, o de fibra óptica, los adornos, los papá noeles bailarines o rellenos de bombones, las lucecitas y las guirnaldas. También en el mismo piso se le dedicaba una enorme porción de superficie a la zona de disfraces, de Papá Noel, de sexi Mamá Noel y de reno… sí, de reno. La sección de tarjetería desbordaba de salutaciones navideñas de todas las formas, colores y tamaños. La de envoltorios de regalos (un día tengo que escribir un apartado sobre los envoltorios de regalos, tienen toda una artillería montada para hacer los más hermosos paquetes de regalo, preciosísimos y fáciles de armar), en este caso, todos en colores rojo y verde con dibujos alegóricos, llenaban las góndolas. Miles, pero miles enserio, miles de personas comprando regalos, que las cajeras envolvían con colores navideños. Cola para acceder a las escaleras mecánicas (organizadas por coleros del primer mundo, otros que merecen un capítulo aparte). El supermercado de delicatesen importadas en el que compro la polenta, el salamín y el dulce de frambuesa vendía Panettone italiano. Todo divain, la maquinaria navideña desplegada en todo su esplendor… Salvo por un detalle… acá no festejan la navidad…
La navidad viene a ser como lo que sería un Halloween para nosotros. Nada ocurrió el veinticuatro de diciembre a las doce, salvo que se terminó la fiesta que organizó el circo ya que el salón cerraba a esa hora. Así que en vez de brindis, hubo retirada. Doce cero cinco, estábamos todos en la calle despidiéndonos hasta mañana. La calle en silencio, las luces apagadas.
El veinticinco, los pisos de Loft y Tokyu Hands dedicados a las fiestas habían desaparecido, en lugar de arbolitos había gorritos de invierno y bufandas. El Panettone del supermercado de delicatesen que quería comprar para año nuevo ya no existía. No more christmas. Fue la navidad.

Para el treinta y uno, los negocios vendían unos adornos de bambúes y hojitas, con cintas de colores, colocados encima de una base redondeada, que un día confundí con un postre oriental desconocido y compré en el supermercado. Al respecto puedo decir que dicha base sabe a cera y que se derrite si uno la pone en el microondas tratando de descubrir si se trata de un postre que requiere de cocción. Algunas casas y negocios, el treinta y uno tenían estos adornos sobre la puerta. El año nuevo acá sí que se festeja, aunque los años se cuentan diferente. Acá cada emperador, al asumir le pone un nombre a su era y los años empiezan a contarse a partir de su asunción. El 2008 sería en Japón el año 20 de la era Heisei. A las doce se va a los templos a rezar. Tocan ciento ocho gongs, cada uno por cada palabra de la oración. Nosotros nos juntamos con amigos a cenar en un departamento. A las doce le tocamos el timbre a los vecinos de al lado, amigos también y hubo salutaciones varias en el pasillo hasta que el personal de seguridad vino corriendo a exigir silencio. Silencio en el pasillo y silencio en la calle. Y silencio en los balcones, también vigilados desde abajo por la gente de seguridad. Ni medio petardo. Ni un chasquibúm. Ni una estrellita. A la una las calles estaban vacías. También a las dos. El año nuevo por estos lados empieza con mucho silencio.
¡Salú y buen año para todo el mundo!






Mi arbolito:




domingo 16 de diciembre de 2007

BICICLETAS, BICICLETAS, BICICLETAS

Miles, miles, milesA veces, muchas veces, es difícil estacionar. Tengo mi propia multa.

Hay estacionamientos en altura

Con estacionador que las envía desde abajo y estacionador que las recibe arriba

Este trabaja en el Pachinko 1 2 3

Así de alto

Así de cerca

Mi cadillac


Cuando sea de día fotografío mi garage de Nagoya

domingo 2 de diciembre de 2007

EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA

Uno va a la panadería, ¿no?
Agarra una bandeja y una pinza.
Pone en la bandeja media docena de croasanes que son la versión importada de las medialunas.
Lleva la bandeja a la caja y paga. Doscientos yens cada croasan, que serían dos dólares, o sea treinta y seis pesos la media docena.
La cajera se dispone a envolverla.
Y pasa esto:

1- Te entrega esta bolsa

2- Uno la abre y saca esto:

3- Seis paquetitos para seis croasanes

Con razón cuesta setenta y dos pesos la docena.

También uno va al super y se compra una caja de fibras Kellogg's, ¿no? Y uno piensa que se la come para reemplazar la cantidad de fibras que vendrían adentro de un bife. Pero no, parece que un plato de fibras con leche equivale a una porción de tempura de pescado, un bol de arroz, una noodle soup, un platito de ensalada de algas y una pórción de picles de nabo y zanahoria rallada. O sea, un típico almuerzo de las pampas.

miércoles 21 de noviembre de 2007

MÁS






MÁS FOTOS DEL CASORIO ACÁ

martes 20 de noviembre de 2007

CASAMIENTO CHINO, UN JUEGO DE NIÑOS (finale)

11.10 am: Los novios con sus nuevos atuendos (ella vestido blanco bien abulté, maquillaje con brillitos y tocado de novia, él de negro con una pashmina blanca tradición china), las damas de honor con vestidos iguales rosas, largos hasta las rodillas, con mucho tul y mucho tutú (parece que el calzado era de libre elección, la amiga acrobat lucía unas botas media caña multicolores, que le daban al atuendo el golpe de gracia liquidador) y los pang langs con un bouquet de rosas en el ojal, todos ubicados en la entrada del salón, recibían a los invitados que iban llegando. Les daban a los hombres cigarrillos que Pata encendía. Y convidaban caramelos a las damas. Los invitados, por su parte, entregaban a los novios su regalo de bodas: sobres rojos con dinero (mucho más grandes y suculentos que los que Pata había usado para el soborno). Todo esto, delante de la monumental foto tamaño natural de los novios que decoraba la entrada.

12 pm: Ni bien entramos al salón, Bratkartoffel vino a nuestro encuentro y nos empujó, literalmente, hacia una de las mesas, la que estaba más cerca del escenario. Enseguida un tío de la novia que hablaba inglés se hizo cargo de abastecernos de cerveza a temperatura ambiente y vino (vino chino, una experiencia, digamos, ácida). Nuestra mesa, igual que las demás, ya estaba servida. Una cantidad de diferentes platos de comida en el centro de la mesa, apilados unos sobre otros. El resto de las mesas, que eran muchas, se iba llenando a medida que iban llegando los invitados. Muchísima gente. Unas doscientas cincuenta personas. Todos vestidos con ropas de calle, jeans, remeras, buzos… y nosotros que habíamos cargado en el avión nuestros elegantes atuendos de gala… Mientras las mesas se seguían ocupando, la tía de verde (nombrada así por el propio Pata), wedding planer y esposa del tío angloparlante, desplegaba un camino de plavinil blanco, que sus ayudantes iban pegando al piso con chonflex. El camino blanco se extendía desde el fondo del salón, en donde habían dispuesto un arco forrado de tules, hasta el escenario. Una vez pegado el camino al piso, lo regaron con pétalos de rosa y lo rodearon de flores y velas. Mientras tanto, otro grupo comando acomodaba sobre el escenario, en el que se estaban proyectando fotos de los novios, un atrio, una torta de tres pisos, una torre de copas de champagne y una especie de candelabro en forma de corazón, lleno de velas rosas alrededor de un velón central de tamaño macumba.

12.30 pm: El maestro de ceremonias se paró en el escenario detrás del atrio y, micrófono en mano, empezó un largo speach en chino, mientras el novio, las damas de honor y los pang langs, esperaban paraditos a un costado del salón. Cuando la voz del maestro de ceremonias alcanzó un nivel de tensión que hasta nosotros, que no entendíamos nada, empezamos a mirar para los costados esperando que algo pasara, bajaron las luces y, a través del arco al final del camino blanco, emergieron dos angelitas amigas de Zhu Sha, con sus vestidos de tules, coronas de flores y alitas, cada una con una vela en la mano, caminando suavemente al ritmo de una música de final de película de Disney y encendiendo a su paso las velas que estaban a los costados del camino. Una vez encendidas todas las velas, el maestro de ceremonias volvió a tomar la palabra e, igual que un locutor de boxeo que anuncia al campeón de la noche, anunció la entrada de Pata, quien seguido por su séquito, caminó hasta el pie del escenario. Subió con un enorme ramo de flores en la mano, mientras una lluvia de burbujas invadía el ambiente. Por entre las burbujas Pata contestó las preguntas que le hizo el maestro de ceremonias (todo en chino) y dijo, a pedido de éste, primero en inglés y después en francés “Te amo”.
Luego del aplauso de la concurrencia, el maestro de ceremonias hizo un nuevo anuncio tras el cual Pata bajó de escenario y empezó a caminar sobre el caminito blanco. El séquito lo seguía, transportando en manos del pang lang Gerry, una bandeja con una corona. A todo esto Bratkartoffel, haciendo honor a la tradición china del amontonamiento, nos agarraba del brazo a los que teníamos cámaras de fotos y tironeaba para que nos sumáramos a la maraña de cámaras que se apelotonaban detrás de la tropilla, para fotografiarla.
Una vez arribado el novio al del arco del amor, la novia hizo su aparición del otro lado. Pata le ofreció el ramo de flores. Zhu Sha se negó a recibirlo, tal cual lo habían ensayado la noche anterior. Pata hizo un segundo intento que Zhu Sha rehusó también, hasta que Pata se arrodilló ante ella, la novia no pudo resistirse y aceptó el ramo. Una vez entregado el ramo Pata agarró la corona que Gerry llevaba en la bandeja y coronó a la novia. Durante todo este segmento el maestro de ceremonias fue relatando, siempre en chino y casi deportivamente, los pasos que se iban sucediendo. Y, contado de primera mano por los pang langs que eran los que estaban cerca, Zhu Sha, abría y cerraba los ojos, al tiempo que susurraba “stop” o “go”, indicándole a Pata el siguiente movimiento.
Después de la entrega de ramo y corona, los novios, pang langs y damas de honor regresaron por el camino blanco al ritmo de la marcha nupcial. Los novios subieron al escenario, que seguía repleto de burbujas. Juntos encendieron la vela macumbera, que era la única del candelabro que estaba apagada, tras lo cual se tomaron unos minutos para rezar una oración budista.
Después subió al escenario otro tío (Zhu Sha está llena de tíos). Éste parece que es el millonario de la familia y dedicó unas palabras a la concurrencia. Una vez acabado el discurso de Tío Rico, proyectaron en la pantalla un video que mandó la familia de Pata, que no pudo viajar. Y después reapareció una de las amigas angelito con una varita mágica que, tras ser sacudida, como toda buena varita, produjo un estallido de estrellitas y chisporroteos. Todo esto, claro, acompañado siempre por el burbujeo permanente. Entre medio del estrellaje y el burbujámen, apareció el estuche de los anillos que fueron intercambiados por los novios, luego de lo cual leyeron sus votos, Zhu Sha en chino y Pata en inglés. La amiga angelito volvió a aparecer por detrás de los novios y esta vez les cedió la varita para que ellos mismos encendieran una catarata de estrellitas provenientes del techo. Después, el beso, los aplausos y los discursos de los novios que finalizaron con la entrega de regalos a la mamá y el papá de Zhu Sha, que como está divorciado de la madre se perdió el té de la mañana. Mamá subió a dar su discurso y después los novios descorcharon una botella de champagne, que vertieron sobre la torre de copas que fueron encendiéndose con luces de colores a medida que el líquido las iba tocando.
Después del aplauso la amiga angelito les alcanzó a los novios un coco con dos pajitas y cada uno bebió del coco (no sabemos bien qué significado tiene esta parte del ritual, pero la idea de un coco sobado, ni bien uno acaba de casarse, asusta un poco). Mientras Pata no podía disimular lo poco que le gusta el coco, la amiga angelito encendió la antorcha que coronaba la torta y otra explosión de estrellitas salió eyectada hacia el infinito.
Después del intercambio de bocados de torta, que según nos contó Pata después, estaba toda cubierta del detergente de las burbujas que no dejaron de caer sobre el escenario durante toda la ceremonia, subieron las damas de honor y los pang langs. La novia tiró el ramo que atajó un muchacho, en China juegan al ramo todos los solteros, no importa el sexo. Después hubo brindis con copas decoradas con rosas y nueva explosión de estrellitas y burbujeo permanente.
El grupo completo bajó del escenario y se dirigió hacia el arco del amor por el camino blanco, mientras las damas de honor y los pang langs arrojaban peluches y llaveritos para los niños invitados.

13.30 pm: Después de que la corte completa desapareciera tras el arco del amor, se habilitó la comilona. Cerdo asado, sopa gelatinosa, cangrejo, bolas rellenas de algo, fideos, carnes, pollo, langostinos, pescado, guiso de algas, tofu, puchero de cabeza de gallina, los platos se iban sumando uno sobre otro, los comensales occidentales nos íbamos pasando el dato de cuáles eran comestibles y cuales incineraban la lengua de picantes. Enseguida reaparecieron los novios, otra vez con ropas rojas tradicionales y Zhu Sha con peinado adornado con rosas. Como en todas las bodas, pasaron mesa por mesa a fotografiarse. Mientras tanto, sobre el escenario se sucedían números en vivo de bailes tradicionales.

14.30 pm: Con los últimos restos de comida, empezaron a acercarse a la mesa los diversos tíos de la novia, que ofrecían cigarrillos que no podían ser rechazados (Pata ya nos había adoctrinado al respecto) y botellas de cerveza tibia para brindar con cada uno.

15 pm: Las mesas empezaron a ser desarmadas. O sea: Manteles afuera, patas por un lado y tabla por el otro, mientras la tía de verde recolectaba flores y velas y la concurrencia pasaba a los cuartos de juego, en donde los esperaban, junto con cervezas tibias y maníes, las fichas de mahjong, juego que hemos visto jugar a los chinos a cualquier hora y en cualquier parte, generalmente en mesitas que ponen en la calle. Como nosotros no jugamos al mahjong y la cena iba a empezar a las cinco de la tarde, nos quedamos un rato con Pata y Zhu Sha en la salita donde guardaban la ropa, las flores, las velas y las cajas de cerveza tibia y después de ir a nuestras habitaciones a cambiarnos, subimos al segundo piso del hotel, a jugar al bowling.

17 pm: Los novios, otra vez cambiados (Zhu Sha manteniendo su peinado de flores intacto, pero con jeans y zapatillas), se nos unieron en el bowling durante un rato y nos avisaron que la hora de la cena se pospondría para las siete (parece que los campeonatos de mahjong estaban de lo más emocionantes).

18 pm: Bajamos a la sala de juegos. Unas veinte mesitas todas encimadas, con seis u ocho personas alrededor de cada una. Sobre las mesas de fieltro verde, fichas de mahjong (que son parecidas a las de dominó), kilos y kilos de cáscaras de maníes, envoltorios de caramelos y botellas de cervezas llenas y vacías. También había torta con detergente y tío borracho durmiendo sobre sillas.

19 pm: La cena, en otro salón del hotel. Igual que en el almuerzo pirámides de platos. Más variedad y más cantidad. Más cerveza y vino chino. Y gaseosa de naranja y agua caliente.

20.30 pm: Final abrupto de la fiesta. Así sin más, como quien se va de un restorán después de haber pagado la cuenta, los invitados terminaban sus manjares, se levantaban y se iban. Las mesas quedaban vacías, pero llenas de comida. Nunca se vacían los platos en las comidas chinas. Se van reponiendo antes de que se acaben. Para terminar, uno simplemente dice basta. O se para y se va como en este caso. Nosotros nos despedimos de los novios y de algunos de nosotros que se iban al otro día, organizamos la cita para ir a ver los osos pandas por la mañana y nos retiramos cada uno a sus aposentos a desmayar la purga del infinito día.

FINALE

FOTOS:

Foto 1: Poster de los novios firmado por los invitados, más bandeja con cigarrilos para ser ofrecida por los pang langs a la entrada del salón.

Foto 2: Novios, pang langs y damas de honor listos para recibir a los invitados con bandeja de cigarrilos y caramelos. Véase botas de amiga acrobat.

Foto 3: Maestro de ceremonias, locutor y relator apasionado del evento.

Foto 4: Amigas angelito listas para avnzar sobre el camino blanco

Foto 5: Pata ofreciendo a Zhu Sha el ramo, de rodillas.

Foto 6: Los novios encendiendo el velón macumbero. Nótense las burbujas.

Foto 7: Novios rezando frente al velón. Nótense las burbujas.

Foto 8: Novios provocando explosiones con la varita mágica. Nótense las burbujas.

Foto 9: Novios leyendo los votos. Las burbujas no se ven bien, pero juro que allí estaban.

Foto 10: Novios sirviendo el champagne iluminé. Ahí también había burbujas.

Foto 11: Novios libándose el coco. Burbujas.

Foto 12: Torta explosiva. Burb...
Foto 13: Peluches arrojados a los niños.

Foto 14: La mesa al principio. Vino chino y Fanta. Cajitas chinas divinas rellenas de caramelos.

Foto 15: La mesa después. Pirámide de platos.

Foto 16: Números vivos.

Foto 17: Zhu Sha de jean en el bowling

Foto 18: Mahjong. Godzila juega para nosotros.

Foto 19: L`amour... Vestuario de Godzila a cargo del equipo de wardrobe del cirque.

Foto 20: Al día siguiente... (diario de Chengdú)

Foto 21: Más prensa. Menos mal que nadie metió la pata y confesó que los pang langs eran casados, porque se hubiera armado kilombo. La tradicón china exige lo contrario.

Video: Se puede apreciar el camino blanco, el amontonamiento al que fuimos empujados por Bratkartoffel para fotografiar y oír el relato sporting del maestro de ceremonias. Y también están las burbujas, por supuesto.


sábado 10 de noviembre de 2007

CASAMIENTO CHINO, UN JUEGO DE NIÑOS (parte 2)

8.45 am: La caravana de autos nos llevó hasta la casa de Pata y Zhu Sha. En realidad, a la entrada del patio de un nuevo grupo de monoblocks. Éste, bastante más paquete que el anterior, también plagado de balcones desbordantes, pero coloridos. Pasto, árboles, glorietas de madera, caminitos y flores. Ni bien bajaron del móvil del amor, Pata volvió a cargar a Zhu Sha en brazos. Subió los escalones de la entrada del edificio, pero esta vez llamó el ascensor. Decenas de números escritos con marcadores de todos los colores, en las puertas del ascensor. Un primer grupo de gente subió junto con los novios, los pang langs y las damas de honor de la novia, que resultaron ser la amiga acrobat y su compañera. Los demás fuimos subiendo de a tandas. Esperando en el pasillo de paredes y puertas llenas de inscripciones, pegotes y manchas (el escondite perfecto para el hermoso y super moderno departamento de Zhu Sha y Pata). Cuando mi grupo llegó al piso dieciséis, los novios ya habían entrado y, según pude ver después en las fotos (porque la multitud humana me impidió seguirlos), Pata había cargado a Zhu Sha hasta la cama matrimonial que las damas de honor habían decorado con globos en forma de corazón, en donde se estaba desarrollando una sesión de fotos (fotos finas che, los dos sentaditos al pie de la cama). La sesión de fotos continuó en el living, también decorado con globos, con desfile de invitados posando junto a los novios.

9.15 am: Los invitados abandonamos por grupos el departamento y fuimos bajando hasta el patio de los monoblocks en donde nos dispusimos a esperar a los novios. Mientras esperábamos, el ejército familiar volvió a la carga, sembrando dos hileras de explosivos a uno y otro lado de los escalones de la entrada. Dos filas de petardos del tamaño de cartuchos de dinamita.

9.20 am: Los novios, ahora ambos sobre sus propias piernas, aparecieron por la entrada del edificio, seguidos de los pang langs y las damas de honor. Al bajar por los escalones, las cargas explosivas fueron detonadas y una especie de aguas danzantes, pero de chispas, rodearon a los novios durante su descenso. Unos cuantos temimos por la seda de los trajes de los novios y yo, particularmente, por el traje de Cachi cuya tela parecía ser de esas altamente inflamables… por suerte no hubo víctimas que lamentar, ni siquiera cuando las tropas detonaron más bazucas de papel picado.
Después, nueva sesión de fotos en el patio. Igual a todas las sesiones de fotos de cualquier casorio de los nuestros, salvo que esta vez, además de llamar a los tíos, los amigos, los padrinos y los familiares, el fotógrafo llamó para posar junto a los novios, al grupo de “los occidentales”.

9.45 am: Otra vez nos dirigimos a la caravana de autos y otra vez Bratkartoffel (era así. Significa papas fritas que, según Gerry, que fue quien bautizó a la tía mandona, era la comida predilecta de Hitler) nos volvió a repartir entre los autos. Nosotros, en este caso: Esti, Daisuke, Philipe y yo, tuvimos mucha suerte porque nos tocó uno muy bien decorado, con un budita sobre la luneta de adelante, que zarandeaba la cabeza a cada salto. A esta altura el tráfico en la calle estaba bastante más espeso. Autos circulando en cualquier dirección, pasándose unos a otros, doblando para cualquier parte y desde cualquier parte, frenando en cualquier lado, atravesándose, cruzándose, esquivándose, dando bocinazos. Muchas, muchísimas bicicletas sobrecargadas con altísimas pilas de cajas, bicis-mercados con sus canastos de pomelos y flores, bici-taxis, bici-fletes, bici-scanias… Caos tercermundista, apenas unos baches más que los de casa.

10 am: Llegamos hasta la calle peatonal del templo Jinli, en donde una multitud que incluía parientes, amigos, turistas circunstanciales y hasta periodistas de diarios y TV, nos estaba esperando. Pero además… cambiamos de caravana. De la fila de autos negros, pasamos al desfile encabezado por dos dragones chinos. Además, todos con sus trajes típicos tan coloridos y brillantes, dos bailarinas organizadoras con sus palitos de organizar, varios músicos con platillos, tambores y trompetines, unos cuantos llevadores de carteles, dos niños, dos gritadores y ocho porteadores: cuatro encargados de cargar la silla palanquín que transportaría a Pata y cuatro el palanquín cerrado al que subiría Zhu Sha.
Después de posar junto a los novios, las bailarinas organizadoras con sus palitos de organizar, le enroscaron a Pata una tela roja larguísima con un moño alrededor del cuerpo y después le taparon la cara a Zhu Sha con un velo rojo y la ayudaron a subir al palanquín, mientras una jauría de reporteros entrevistaba a Pata (la historia de Pata y Zhu Sha es famosa en Chengdú en donde casi no hay occidentales).

10.10 am: A la orden de las bailarinas organizadoras con sus palitos de organizar, los músicos empezaron a tocar. Tambores, platillos y trompetines con sonidos chillones, una especie de aullidos rítmicos que con el devenir de las repeticiones dibujaron una estridente y repetitiva melodía. Con la música, los dragones empezaron a moverse y hacer piruetas, las bailarinas a bailar y sonreír, los gritadores todavía no gritaban, los chicos levantaron sus farolitos, los llevadores de carteles, sus carteles y los porteadores, los palanquines de Zhu Sha y Pata. Todos empezamos a avanzar y Bratkartoffel a meter sobres rojos con plata en los bolsillos de los desfilantes.
Mucho color, ruido, movimiento. Una multitud de gente por delante, por detrás, por los costados del desfile. Una comparsa oriental. Un sambódromo de ojos rasgados y también redondos. Gritos en chino, en inglés, en francés, en castellano. Y las calles cerradas para que la caravana avanzara. Y las quejas de los automovilistas, que no podían cruzarse, pasar en rojo los semáforos y hacer infracciones a su gusto. Y de pronto, los gritadores gritando unos gritos salvajes y deteniendo el desfile. Y las bailarinas organizadoras, con sus palitos de organizar, ordenando a los porteadores que bajaran los palanquines. Haciendo descender a Pata y Zhu Sha y entregando a Zhu Sha el extremo final de la tela roja que Pata tenía enroscada al cuerpo. Y haciendo reanudar la marcha y continuar con los novios a pie, Pata adelante, Zhu Sha unos pasos más atrás, atados así, uno con otro.

10.50 am: Habían pasado cuarenta minutos, durante los cuales los novios, ordenados por las bailarinas organizadoras y sus palitos de organizar, bajaron y subieron de los palanquines unas tres o cuatro veces. La última bajada fue a unos pasos del salón. Pata tuvo que volver a cargar a Zhu Sha, pero esta vez sobre la espalda, para caminar sobre una alfombra roja atravesando primero una montaña, que era una tarima y después caminando sobre el fuego, que eran unos leños de plástico con papel celofán naranja. Hasta que finalmente llegaron a la entrada del salón en donde los recibió un sacerdote que le dio a Pata una varilla y le indicó que levantara el velo de la novia. Lo que no le aclaró era que tenía que levantarlo con la varilla… la puñalada de los ojos de Zhu Sha cuando Pata agarró el velo con la mano hizo que Pata entendiera enseguida como era el sistema, aunque la varilla se le enredara entre los flecos del velo. Finalmente el velo fue quitado y todos aplaudimos y los novios se besaron y salieron corriendo a cambiarse para la segunda parte del casorio, mientras el sacerdote se sacaba el gorrito y desarmaba los falsos leños y la multitud firmaba un poster para los novios.
Nosotros firmamos el poster y nos fuimos para nuestras habitaciones (el salón estaba en nuestro hotel), para cambiarnos también. Los pang langs no. Ellos tuvieron que quedarse junto con los novios y las damas de honor a recibir a los invitados que iban llegando para la segunda parte de la boda.

CONTINUARÁ…

FOTOS:

Foto 1: Pata Y zhu Sha posando en la cama con corazones de globo

Foto 2: Los novios en el sillón del living posando con los pang langs y las damas de honor (¿serían las palanganas?) la de la izquierda es la amiga acrobat y la de la derecha, su secuaz. El que no es Cachi, es Gerry.

Foto 3: Detonaciones del ejército chino a la salida del departamento.

Foto 4: Los novios con los occidentales (más dos orientales occidentalizados). De izquierda a derecha: Philipe, Esti, Sylvie, Gerry, los novios, Daizuke, Cachi, Renaud, Alan, me, Denisse. Mis amigos de este lado del mundo.

Foto 5: Una de las tantas, tantísimas bicicletas sobreexcedidas de cajas que
nos cruzamos por el camino.
Foto 6: Novios y padrinos posando con los desfilantes antes de arrancar

Foto 7: Bailarinas organizadoras con palito de organizar, atando a Pata con la tela roja.

Foto 8: El novio acosado por el periodismo

Foto 9: El novio en palanquín custodiado por expertos

Foto 10: El desfile

Foto 11: Bratkartoffel mandoneando a la nova, la novia disparando con la mirada...

Foto 12: Bailarina organizadora con su palito de organizar

Foto 13: Zhu Sha en su palanquín

Foto 14: Pata es Jakie Chan


Foto 15: La novia atada al novio

Foto 16: La novia velada
Foto 17: El desfile cruzando la ciudad

Foto 18: Pata atravesando montañas con Zhu Sha en sus espaldas, palito de organizar asomando por detrás

Foto 19: Pata develando a la novia

VIDEOS DE LA BODA

Gracias a Esti, Mrs. Gerry Clown, tenemos videos de la boda. ¡¡¡Gracias Esti!!!

En el primero podemos apreciar a las chicas dentro del departamento de la madre de Zhu Sha, impidiendo la entrada del novio y recolectando sobrecitos rojos. Apropósito, la primera en cachar un sobre, no es otra que Bratkartoffel en persona. También podemos ver al novio golpeando la puerta de la habitación de Zhu Sha, mientras pang lang marido instruye sobre el uso de la cámara de fotos…



En el segundo, el ejército familiar en acción. Al final Bratkartoffel roba cámara.



En el tercero, el desfile en sus inicios. Cuarenta minutos más tarde seguía sonando la misma música...

sábado 3 de noviembre de 2007

CASAMIENTO CHINO, UN JUEGO DE NIÑOS (parte 1)

Hace unos días volví de China. Fuimos al casamiento de Pata, amigo canadiense que se casó en Chengdú con su novia china, Zhu Sha. La boda fue una tradicional boda china, duró trece horas y estuvo llena de ingredientes tan eclécticos, que la hacen merecedora de un apartado dentro de este blog nipón. Apartado del mundo nipón y apartadísimo del primer mundo.

Domingo 21 de octubre:

7 am: Primera cita, en el lobby del hotel con las chicas del circo, en este caso: Sylivie (Canadá, directora artística), Denisse (Canadá, jefa de fisio), Esti (España, esposa de clown) y yo (argenta y esposa de otro clown). Nos tomamos un taxi hasta una esquina en donde debían encontrarnos las amigas chinas de la novia para llevarnos a la casa de su madre, en donde comenzarían los ritos casaderos.

Misma hora, lobby del hotel también: Primera cita de los muchachos del circo, en este caso: Alan (Inglaterra, stage managger), Renaud (Canadá, cocinero), Philipe (Francia, clown), Daizuke (EEUU/Japón, clown), Gerry (Austria, clown) y Cachi (Argentina, clown y marido), estos dos últimos, padrinos del novio. Se tomaron otro taxi para pasar a buscar al novio por su casa.

7.15 am: Las chicas llegamos quince minutos temprano a la esquina señalada. Señores chinos barriendo las veredas con sus escobas de paja despanzurradas, señoras chinas esperando para cruzar tejiendo paradas en las esquinas, ciclistas con pilas de reses de… vaya uno a saber qué, colgando del portaequipajes de sus bicicletas, triciclos-taxi, viejitas encorvadas, niños con los pantalones con abertura para caca y pis “anywhere, anytime”, todos nos dedicaron alguna atenta mirada, sin pudor y sin disimulo. Tres occidentales y una oriental occidentalizada (Denisse es hija de chinos), de punta en blanco en una esquina cualquiera, de un barrio cualquiera de una ciudad cualquiera de la China, un domingo a las siete y cuarto de la mañana.

7.30 am: Dos ruidosas amigas de la novia y una tía, se acercaron corriendo por la avenida. La única que hablaba algo de inglés nos supo decir: “Hello, I am acrobat too” (Zhu Sha, la novia, fue acróbata del circo durante siete años). A los gritos y muertas de risa, las chicas nos llevaron hasta una callecita angosta, plagada de de monoblocks. Miles de balconcitos atiborrados de palanganas, ropa tendida, bateas de aluminio, triciclos viejos, partes de cosas incomprensibles, tenders desvencijados, lonas, plásticos, canastos. El gris y el marrón topo uniformando los colores. Todo cubierto de tierra, de hollín. Toda China está cubierta por una capa espesa de tierra y de hollín. Nunca se ve el sol. Igual que casi todos los productos que consumimos en el mundo, el smog también es made in China.

7.35 am: Llegamos al grupo de monoblocks en donde vivía la madre de la novia. Un patio enorme sobre el que se asientan unos cinco edificios. En la entrada, después de atravesar una puerta de rejas, una casilla. En la casilla una mujer sentada con un bol de aluminio en la mano, un nene de no más de dos años corriendo a los tropezones, dejando ver su culito chino a través del tajo de los pantalones, acercándose cada tanto a la mujer sentada y comiendo los fideos que colgaban de los palitos que la mujer le acercaba a la boca. La casilla, la mujer, la silla, el bol, el nene… todo del mismo color gris topo. Todo cubierto de polvo.
El edificio de la casa de la mamá de Zhu Sha era el primero del grupo. No tenía puerta, directamente la escalera. Angosta. Empezamos a subir a las corridas esperando, después de llegar al tercer piso, que en el próximo estuviera el departamento de la madre. Estaba en el séptimo.
Adentro del departamento, la novia se movía de acá para allá, daba vueltas por el comedor chiquitísimo lleno de cuadros brillantes y coloridos, muñecos, dos sillones verdes, uno lleno de carteras amontonadas y el otro de maquillajes, una mesita ratona repleta de bolsas, un perro chiguaga, un dispenser de agua, una madre, dos tías, tres amigas y una maquilladora. La novia, preciosa, con su vestido tradicional rojo, ordenándole a todo el mundo lo que tenía que hacer, encargándole a la maquilladora que retocara el maquillaje de todas las mujeres que iban llegando, que eran muchas, a cada rato llegaba otra. Todas gritaban, nos saludaban, se reían. A nosotras nos hicieron sentar en uno de los sillones verdes, encima de las carteras. Nos dieron a cada una un vaso de agua caliente. Y la amiga acrobat, nos ofreció una bolsita de nylon con cuatro bolitas comestibles que contó en inglés, señalando, a cada número, a una de nosotras. Las bolitas estaban rellenas de algo dulce, pero eran picantes y saladas. Yo me comí la mía lo más rápido que pude y traté de aplacar el sofocón con el vaso de agua caliente.
Intercambiando señas (ni siquiera Denisse, que habla chino podía entenderlas porque en Chengdú se habla un dialecto bastante complicado), las mujeres nos explicaron lo que teníamos que hacer cuando llegaran los muchachos. Menos mal que ya estábamos adoctrinadas por el novio.
Mientras la novia seguía ordenando lo que hacer y quejándose de que le apretaban los zapatos, dos de las amigas, que se habían quedado abajo haciendo guardia, subieron corriendo a avisar que el novio y los muchachos estaban llegando.

8 am: Bajamos en manada las escaleras. Corriendo. Empujándonos. Gritando. Una vez en el patio, nos apostamos delante de la casilla, en donde la mujer seguía sentada con el bol en la mano y el nene tropezando con el culo al viento. El grupo comando de avanzada, se asomó por la puerta de rejas y gritando y dando saltos la cerraron y nos convocaron, igual que a las demás mujeres, a empujar con fuerza para que el novio no pudiera abrirla.

8.05 am: El novio, también de rojo, con su camisa cuello mao, sus pang langs (los padrinos) y unos cuantos caballeros más, se presentaron del otro lado de la puerta pidiendo a los gritos que los dejáramos pasar.
Las mujeres, desde adentro, respondimos también gritando y empujando la puerta de rejas, y en medio del forcejeo y el griterío, empezaron a llover los sobrecitos rojos con plata, que el novio nos arrojaba a modo de soborno. Doce centavos de yuan en cada sobre, el número de la suerte. Una vez que hubo bastantes sobrecitos como para rellenar los bolsillos de todas las mujeres, accedimos a dejarlos pasar, pero… subimos a toda máquina las escaleras para atrincherarnos adentro del departamento, volver a cerrar la puerta e impedir al novio otra vez que entrara.
Y otra vez forcejeo y griterío y sobrecitos rojos, que los pang langs le alcanzaban al novio y que el novio pasaba por debajo de la puerta y por la rendija que las chicas abrían de vez en cuando. Golpes, muchas risas, una excitación de todos los colores. Y la novia corriendo a encerrase adentro de la pieza. Y otra vez las chicas considerando el soborno suficiente y abriendo la puerta del departamento. Y de nuevo lo mismo con la puerta de la pieza. Y de repente había tanta gente en ese comedor diminuto, que del resultado del último soborno sólo me enteré por los gritos y los aplausos. Y porque enseguida aparecieron los novios ya juntos besándose, en el comedor.

8.15 am: Hicieron sentar a los novios en el sillón de las carteras. Les dieron un bol y dos palitos. Zhu Sha le dio de comer a Pata. Y Pata le dio de comer a ZhuSha. Una bola blanca, igual a un huevo de codorniz pero dulce y relleno de mermelada de porotos aduki. Después aparecieron dos tazas de té. Y dos almohadones en el piso, sobre los que los novios se sentaron en frente de la madre. Cada uno le ofreció a la madre el té y unas palabras. A Pata le entendimos la palabra Shie shié… “gracias”.

8.30 am: Pata agarró a la novia en brazos y así, cargada, la bajó los siete pisos por la escalera. Todos los demás, que a esta altura éramos muchos, los seguimos riéndonos y gritando. En el patio Pata se tomó un descanso, pero enseguida alzó de nuevo a la novia. El ejército familiar hizo detonar unas bazucas de papel picado que invadieron de colores el gris topo circundante y Pata cargó a la novia a través de la puerta de rejas, dejando atrás los balcones atiborrados, la casilla, la mujer sentada y el nene, que ahora arrastraba por el piso una tacita de aluminio atada a un piolín.
La caravana, detrás los novios (Zhu Sha siempre cargada por Pata), avanzó un par de cuadres, hasta donde una fila de autos negros, encabezados por uno decorado con un corazón de flores rosas y dos perritos novios de peluche, nos estaban esperando. Los novios y los panglang, subieron al móvil del amor y todos los demás fuimos distribuidos en los autos por una tía de la novia, que nos tuvo a todos cagando durante toda la fiesta en su afán por controlarlo todo. Los pang langs la bautizaron Brot kartoffen, o algo parecido y la saludaban con una venia cada vez que aparecía. La tía, chocha de la vida, siguió mandoneando hasta el final de la noche. Pero eso fue mucho después. Todavía no eran las nueve de la mañana cuando la caravana de autos partió hacia su próximo destino…

CONTINUARÁ...

FOTOS:

Pata pasando sobres con plata por la puerta del departameto de la suegra:

Pata golpeando la puerta de la habitación de Zhu Sha, multitud aguardando en el comedor:

Zhu Sha dándole de comer a Pata:

Pata dándole de comer a Zhu Sha:

Novios ofreciéndole té a la madre de Zhu Sha:
Pata cargando a Zhu Sha por las escaleras:

Pata cargando a Zhu Sha por el patio de los monoblocks:

Estallido de colores sobre el gris de fondo, Pata cargando a Zhu Sha cruzando la puerta de rejas:

Pata cargando a Zhu Sha hasta el móvil del amor:

El móvil de amor:

viernes 12 de octubre de 2007

COTIZACIÓN DEL TOMATE EN LA BOLSA DE TOKIO





480 yens = $12.90

Las verduras se venden por unidad, pero yo calculo que estos 5 tomates deben andar pesando alrededor del kilo.


Para el asado de enero, yo llevo la ensalada.



lunes 8 de octubre de 2007

VOLANTELOS

Para volantear, los japoneses la tienen clarísima. En invierno regalan paquetitos de pañuelos descartables y en verano, abanicos. En un solo día se pueden recolectar unos quince paquetitos de pañuelos y por lo menos un abanico.





sábado 29 de septiembre de 2007

PERDÓN MONSIEUR PROUST

Después de tres meses de estar hirviéndonos en un baño de vapor a treinta y ocho grados, Okaka de pronto, nos sirvió el otoño.
Ayer tuvimos los treinta y ocho reglamentarios y el vaho nuestro de cada día (el que –literalmente - ablandó las hojas de todos mis libros, llenó de hongos las tapas de las valijas y pringó las sábanas de la cama). Y hoy amaneció con veintiuno, los vapores disipados y una lluvia grisácea de lo más sugerente.
Así que no agarré la bici para ir a la pileta. Me puse las ojotas y salí a la calle, que parecía otra, a chancletear los dedos fríos después de tanto tiempo.
Y, como si esto solo no bastara para devolver un poco de la vida que el verano nos había derretido, una bandada de estudiantes pasó caminando por al lado mío y me dejó una fragancia a Beldent de menta que todavía me emociona. Me parece que el vaho espesaba los olores. Y volver a sentir un olor fresco y además porteño, hizo desperezar a mis papilas olfativas. Si hubiera sido Proust, por ahí habría empezado a encontrar mi tiempo perdido. Pero como no soy, seguiré chancleteando por Japón a dedo suelto, con la humilde esperanza de que un día andando con mi bici, me encuentre de repente, pedaleando por el camino de Chu-ann.

miércoles 26 de septiembre de 2007

EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA

Hoy fui a la panadería y me envolvieron la baguette entre dos empleadas. Mientras una sostenía la baguette con una pinza, la otra le calzaba la bolsa de papel. Una vez calzada la bolsa, la que antes sostenía la pinza, se ocupó de doblar la punta sobrante de la bolsa que después la otra empleada pegó con cinta skotch.

En el supermercado “Saturn” de Sendai y en el “Takashimaya” de Osaka, envuelven cada frasco de vidrio en nylon con burbujitas. Mermelada, aceitunas, aceto, aceite, salsa de soja. Para cada tamaño de frasco, un tamaño de nylon. Los distintos tamaños de nylon se sacan de unas latas, que son rellenadas permanentemente por una empleada que se dedica a cortar con una tijerita cachos de nylon de todos los tamaños.

En todos los supermercados envuelven los siempre libres, carefrees y tampones en bolsas de papel madera, que meten luego adentro de otra bolsa. No sea cosa que de afuera se sospeche el contenido.

Las botellas de vino son forradas con esa especie de papel de telgopor que no sé cómo se llama.
Las peras, los mangos y los pomelos vienen recubiertos de un enrejado del mismo telgopor que el de los vinos.
Y todos, absolutamente todos los productos de heladera, se acompañan con una bolsita de hielo que los vendedores le adosan cuando los envuelven.

Y hay más.